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El saúco es un arbusto o árbol de hoja perenne, de entre 2 y 10 metros de alto, desarrollándose preferentemente en zonas soleadas o parcialmente sombreadas, suelos frescos y con cierta humedad. Sus hojas son dentadas y desprenden un olor poco agradable.

Las bayas son verdes primero y negras cuando maduran. El tallo es hueco y frágil, con una medula blanca. No se debe confundir con su pariente el sauquillo o yezgo (Sambucus ebulus), cuyos frutos tienen una apariencia similar, pero son venenosos.

Aunque el olor de sus hojas no es agradable, entre finales de primavera y principios de verano se cubre de bonitas flores blancas. Sus raíces segregaban auxinas que enriquecían la vida vegetal. Repele a diversos insectos, ratones, topos y otros roedores. Sus ramas son nidos de variadas especies de avispas predadoras, que controlan la proliferación de otros insectos como pulgones, orugas etc.

El Saúco es una especie abundante en Europa, América, Asia y Norte de África, siendo los españoles, los que lo llevaron y propagaron por América, donde se halla bien establecido en muchos países. Crece en bosques frondosos, entre la maleza, en vertederos y alrededores de zonas habitadas. Junto a él, sólo son capaces de existir otras plantas con costumbres similares tales como ortigas, zarzas y plantas trepadoras, ello se debe a que crea una espesura en sus pies bastante sombría. Aunque sobrevive a toda costa, nunca se ven bosques enteros de Saúco.